...espai virtual de reflexió crítica sobre la realitat d'Almassora, la Plana i el món en general. Noticies, històries, art, poesia, contes, cultura,natura, experiències, ...

AlmassoraTeVeu

Al parecer


 

Sobre l'autor: Agustín Santos

Antes de jubilarme, si me preguntaban cuál era mi profesión, respondía: Soy librero. Los libros siempre han rodeado mi vida: durante los estudios (en la Salamanca natal), mientras disfrutaba leyéndolos y como profesional (trabajé cuarenta y cuatro años en el grupo editorial más importante del país). La lectura me depara inolvidable placer; los conocimientos adquiridos a través de los libros también han sido sustanciales en la vida social, en mi trabajo y en el contacto con autores.

La afición por la letra impresa puede desembocar en la escritura. En mi caso, confirmo la regla. Me inicié con cuentos y recreaciones nostálgicas. Hasta ahora me han publicado tres novelas mías: La llave que te di, La sombra oculta y El círculo octavo. Estoy escribiendo otra, bastante distinta a las primeras, que titularé Al menos dime adiós. Me he propuesto, en Almassora Te Veu, publicar algunos cuentos (propios) y críticas de libros (ajenos).


 

 

CRÍTICA DE LIBROS: “La casa de los veinte mil libros”, de SASHA ABRAMSKY

“Las palabras no se tiran. Podrían, algún día, ser útiles”.

Durante décadas, Chimen Abramsky organizó encuentros épicos, en su fascinante casa de Londres, llena de libros, y reunió a muchos de los grandes intelectuales de la época. Hijo ateo de un famoso rabino ruso, se exilió a Inglaterra y allí descubrió los escritos de Marx, pero la Segunda Guerra Mundial interrumpió sus estudios. Primero fue miembro del Partido Comunista aunque en 1958 reconoció los crímenes cometidos por Stalin y se reinventó a sí mismo como pensador liberal, humanista, profesor universitario y experto en manuscritos de la casa de subastas Sothebys.

Su nieto, Sasha, recrea en este fascinante libro un mundo perdido, dando vida a la gente, a los libros y a las ideas que llenaban la casa de sus abuelos en un magnifico y absorbente texto.

El autor no sólo cuenta la historia de su familia (principalmente la de su abuelo Chimen) sino también la historia judía, la literaria y la política del siglo XX. Viene a decirnos que, en gran medida, la vida es una lotería cuya suerte la deciden fuerzas con frecuencia casuales, ajenas a nuestra voluntad, pero a cuyas decisiones contribuimos queramos o no.

A Chimen Abramsky la hambruna no le dejó crecer (medía 1,55 m); en Bielorrusia no había nada que comer. En su exilio de Londres regentó una pequeña librería judía y se especializó en libros y documentos históricos, tratando de comprender  la cultura y el civismo; explicarse cómo y por qué las grandes culturas y civilizaciones entran en declive: las teorías de la historia. En su casa particular amontonó veinte mil volúmenes y legajos, verdaderas joyas bibliográficas. Tenía libros en los que Marx había hecho anotaciones o documentos en los que Lenin escribió comentarios al margen; o un libro que Trotski se llevó al exilio…

A pesar de que su padre era rabino Chimen fue ateo. Tras las catastróficas consecuencias de la Guerra Mundial –con la revolución y el hundimiento económico– muchos abandonaron sus creencias religiosas judías y se dirigieron hacia una nueva fe política: el comunismo. Abramsky se convirtió en un estudioso de la lucha de clases y, consecuentemente, de los derechos de los individuos. Por aquellos años se negaban con fuerza las implacables purgas en la Unión Soviética y los encarcelamientos en masa de Stalin. No se quería ver lo malo. Arthur Koestler había dicho: la fe es algo maravilloso; no sólo puede mover montañas sino también hacerte creer que un arenque es un caballo de carreras. Toda fe verdadera (la comunista también) es intransigente, radical, purista.

La casa de los veinte mil libros” es un libro muy recomendable, especialmente para los inquietos amantes de la Historia. Se nos va contando cómo la oscura visión de la condición humana da paso a su vez a un movimiento intelectual que, finalmente, culmina en el fascismo y las delirantes teorías encarnadas en “Mi Lucha”, de Hitler.

Es muy enriquecedora la descripción de las tertulias de grandes pensadores en la Casa, mientras consumían las viandas que la esposa de Chimen preparaba para agasajarlos a diario: Desde el momento en que abrías la puerta era una casa de libros, te impresionaban los grandes y gruesos tomos del salón en el que te sentabas. Era un lugar de aprendizaje y charla. Todo el mundo hablaba. Era una galaxia de talento.

En una de aquellas reuniones narra el autor que alguien tachó a Hitler de loco. Abramsky mantuvo enérgicamente que eso era inexacto: explicó que Alemania se había ido deslizando hacia la clase de caos que allanó el camino para que un monstruo como Hitler asumiera el poder y, una vez en el poder, utilizara las formidables instituciones burocráticas para convertir Europa en un matadero. Los mecanismos del Holocausto fueron el racionalismo encerrado en sí mismo, la ciencia pervertida, la filosofía secuestrada. Los resultados sí fueron una locura, pero surgieron de una autosuficiente y burocrática lógica del mal. Un mal que clasificó cuidadosamente a los judíos en trabajadores y desempleados, especialistas y no especialistas, sanos y enfermos…

También dedica algún tiempo a la Guerra de España. Durante años los progresistas de Europa soñaban con un frente popular, mientras que las grandes democracias occidentales contemplaban la desaparición de la República española sin hacer nada. Sin embargo, fueron los comunistas quienes intervinieron en un malogrado intento de salvar la República.

Inglaterra puso de moda el libro de bolsillo en los años de la Gran Depresión; eran libros pensados para llevarlos en el bolsillo de la chaqueta, para sacarlos fácilmente y leerlos en el metro. Libros editados para el hombre común, en un momento en que se asumía con normalidad que los ingleses de toda clase y de toda condición social estaban interesados en enriquecerse intelectualmente.

Una verdad que, aún hoy, causa sana envidia. Aristóteles sostenía (cuatro siglos antes de Cristo) que en todas partes la desigualdad es una causa de revolución.

No se pierdan este libro. Y no duden en recomendarlo. Será la sorpresa del próximo año, que les deseo muy feliz.

El cabrero

Habíamos acordado que sería aquel sábado, a mediodía. Cogí la bici y pedaleé hasta Porteros. El monte dista dieciocho kilómetros, pero como me pasaba los días sobre la bici el viaje resultó un paseo.

A medida que me acercaba a la majada el sendero para las ruedas de la bicicleta se iba estrechando hasta tener unos veinte centímetros. Tenías que procurar no salirte, lo cual era fácil porque estaba curvado de tal manera que, si no dabas un brusco golpe de manillar y te mantenías pedaleando adecuadamente, discurrías por aquel caminito entre  encinas.

El relojero (cuento)

En diciembre ya era de noche cuando salíamos del colegio. Un poco antes de las seis el encargado de la calefacción ponía una buena cantidad de carbón ––“que si no, se hielan las tuberías por la noche”–– y la clase estaba muy calentita. Mi pupitre estaba junto a la pared y me gustaba ver cómo el calor del radiador levantaba las hojas de un calendario situado encima.

La escalera

Todos me reprocharon que no quisiera quedarme sin mis vacaciones de verano en el pueblo. Mis padres tenían que gestionar algo de la herencia de mis abuelos y fueron ellos los que se marcharon quince días.

 ––En ningún caso dejaremos el chalet vacío ––decía mi madre–– los desvalijan todos. Hemos contratado en la agencia a una señora para que quite la suciedad y te prepare las comidas. Tienes que procurar que, al menos por fuera, se note que la casa se limpia a diario. Es preciso que los cristales de la fachada estén superlavados.

Menos mal que mi hermana no se quedaría conmigo; se la llevaron.

A la mañana siguiente sonó el timbre del portero automático.

Vist (des de 04-03-15)

© 2009-2014 by GPIUTMD